Maritere Bellas
Especial para La Opinión
Hoy supe que la hija mayor de una de mis amigas padece bulimia, una enfermedad causada por el deseo insaciable de comer.
Me dio mucha tristeza, pues además de ser una linda persona, por dentro y por fuera, canta como un ángel.
Menos mal que sus padres descubrieron la situación muy a tiempo y hoy en día la niña está terminando su primer año de universidad y todo parece indicar que su problema está controlado.
Por supuesto que este trastorno alimentario de la joven es una batalla diaria que envuelve no sólo a sus padres, sino también a su médico, al psicólogo y a toda la familia.
"No te imaginas las cosas que han salido de todo esto", comentó mi amiga, refiriéndose al daño psicológico que, sin querer, podemos hacer a nuestros niños. "Hay tantas cosas que decimos o que hacemos y que sin darnos cuenta afectan mentalmente a nuestros niños. Es triste que tengamos que pasar una experiencia como ésta para aprender de nuestros errores".
En este caso y como en el de miles de personas, todo empezó porque la niña tenía sobrepeso. Desde que estaba en quinto grado, los niños le ponían apodos porque era gordita. Y desafortunadamente, los comentarios por su estado obeso llegaron más allá que a unos simples sentimientos heridos.
Según la revista Healthy Kids (febrero/marzo 2000), el peso excesivo es la causa de enfermedad nutricional que más prevalece entre los niños y los jóvenes en este país.
Entonces es importante saber cómo los padres podemos atacar el problema desde el principio y que estemos informados sobre cómo ayudar a nuestros niños para combatir la obesidad.
Hoy día en los Estados Unidos, uno de cada 20 niños es considerado obeso.
La manera científica y quizás más comúnmente usada por los pediatras para determinar el peso de un niño es leyendo la balanza (peso, estatura) y entendiendo lo que muestra.
Por ejemplo, si la balanza indica que el niño pesa tanto y ese tanto es medido contra el índice de masa del cuerpo (BMI chart, un cálculo que envuelve el peso con relación al tamaño) y resulta que el niño tiene un índice más alto que la mayoría que tienen su mismo tamaño, en un 85%, entonces el niño está corriendo el riesgo de tener un problema con su peso.
Si el porcentaje es de 95%, o sea que el niño pesa más que el 95% de niños que tienen su mismo tamaño, el niño es considerado médicamente obeso.
Otra manera y quizás más práctica para que los padres puedan determinar si los niños están teniendo problemas con su peso es la de estar pendientes de su nivel de actividades y su energía.
Por ejemplo, el padre puede hacerse las siguientes preguntas: ¿el peso de mi hijo afecta sus actividades físicas y sociales?, o ¿mi hijo se pone ropa grande para cubrir su gordura?
¿Por qué el niño se siente fatigado y se queda sin aire cuando hace ejercicio? Si su respuesta es afirmativa para cualquiera de estas preguntas, entonces es aconsejable que hable con el médico o pediatra de su hijo.
La obesidad puede causar muchos problemas a la salud.
En años recientes los pediatras han notado un gran aumento de niños obesos que padecen enfermedades que usualmente atacan a los adultos, como la diabetes.
También los pediatras están notando que los niños obesos padecen de problemas respiratorios, como el asma y hasta presión alta. De hecho, estudios han revelado que el asma y la hipertensión son muy comunes en niños con sobrepeso.
Además, según el artículo de la revista Healthy Kids, desafortunadamente, un niño obeso tiene muchas probabilidades de convertirse en un adulto obeso.
Entonces hay que ayudar al niño para que tome decisiones más saludables en cuanto a lo que come y que se anime a realizar ejercicio físico, de un modo regular.
Dejar que el niño mire la televisión todo el día no es aconsejable.
Los niños deben ser motivados y alentados para estar afuera y ser activos.
Es también importante vigilar el aspecto emocional de la situación.
La gordura puede resultar en cierto grado un modo de discriminación social. Tristemente, un estudio conducido por la revista American Social Review reveló que los niños prefieren hacer amistades con niños que tienen cualquier otra clase de impedimento, excepto la obesidad.
Y que los niños gordos no están en su lista preferida en cuanto a los niños con quienes quieren entablar una amistad. Esta clase de rechazo puede ser devastador para un niño.
Entonces hay que crear una gran autoestima en nuestros hijos para poder sobrellevar situaciones donde el niño puede sentirse discriminado.
Si usted y su pediatra han determinado que su niño tiene sobrepeso, aquí hay algunas sugerencias para ayudar a su hijo/a:
Yo quiero que cuando mis hijos se miren al espejo aprendan a mirar su apariencia interna más que su física y aprendan a valorar lo que está dentro y no lo que está fuera.
Sólo una madre o padre o una persona que nos quiere de verdad puede crear esa clase de efecto. Yo espero poder hacerlo con mis hijos y espero que algún día la niña de mi amiga también se mire al espejo y por fin mire lo bella que es.