Cómo,
cuándo, cuánto sueño.
Los bebés pequeños pasan una gran parte del día durmiendo: al
principio el tiempo de sueño puede variar entre 14 y
18 horas diarias y, a medida que crecen, la cantidad de horas
disminuye. El pequeño detalle es que no
siempre esa gran cantidad de horas de sueño coincide con la de sus padres y que
su sueño suele ser ligero e interrumpido por cortos períodos de vigilia.
Paciencia, debe ser el segundo nombre de quien pretenda hacer dormir
a un bebé, ya que su ritmo de sueño no es como el de un adulto. En general, un
bebé pasa por 20 minutos de sueño ligero
antes de entrar a un período de transición,
después del cual alcanza el sueño profundo.
Por lo tanto, tu hijo no se dormirá inmediatamente cuando lo acuestes en su
cuna pensando que ya lo meciste lo suficiente: solo está en alguna de las
etapas previas al sueño profundo.
Tu gran tentación al momento de acostar a tu hijo será volver sobre tus pasos para verificar que respira
tranquilo o que ha cerrado ya los ojos por completo y ha liberado, por lo
tanto, a su madre por un rato. ¡Gran error! Por más que el bebé ya esté
dormido, tu olor o el de su padre lo despertará.
Una vez que está profundamente dormido, el bebé se despierta cuando
su cuerpo necesita alimentarse, cosa que en un recién nacido ocurre
aproximadamente cada tres horas, variando según cada niño. Luego, el tiempo que el bebé puede estar tranquilo después de
cada comida irá extendiéndose: a las seis semanas algunos bebés logran
pasar seis horas sin necesidad de comer. Aquí viene el trabajo de los padres,
buscando que esas horas coincidan con sus momentos de descanso nocturno.
Es interesante saber que los bebés se
despiertan varias veces durante sus períodos de sueño y vuelven a dormirse
solos. He aquí la consigna: resistir estrictamente y no acercarse al oír
sus leves quejidos a al ver sus ojitos abiertos. Cuando sienta tu presencia no
dudará en aprovechar la ocasión para desvelarse por el resto de la noche. En
esta ocasión tu eliges.